¿Dónde van las empresas cuando mueren? ¿Al infierno de los sueños fracasados, al purgatorio de las promesas incumplidas o al cielo de los proyectos añorados? Hoy, la empresa alavesa YOR, pionera en la fabricación de columpios, bancos y papeleras, y que dirigí con orgullo en su última etapa, hubiera cumplido sus 60 años de existencia.
