Relato #6 LA INUNDACIÓN

Para los que no se dan cuenta de las oportunidades que dejan pasar

“Érase una vez una tremenda inundación en un pueblo que anegó las casas de los vecinos hasta casi taparlas. Un hombre muy religioso  subió a la parte más alta del tejado de su casa y se puso a rezar. Siempre había sido muy piadoso y esperaba que Dios respondiera a sus plegarias..

Al rato se acercaron unos vecinos con una balsa y le invitaron a subir, pero él rechazó la invitación porque no quería abandonar su casa y pensaba que era imposible que Dios no se apiadara de él.

Unas horas más tarde llegó una lancha de la Policía. Los agentes le gritaron con un megáfono que se acercara a la lancha para que pudieran rescatarlo. Él movió de forma enérgica la cabeza a un lado y a otro y les pidió que se marcharan. La policía intentó convencerlo durante unos minutos, pero el hombre en el tejado seguía convencido de que Dios le salvaría y al final se tuvieron que ir a seguir rescatando a otros vecinos.

Al oscurecer el día, cuando el hombre estaba ya empezaba a desesperar, empapado y muerto de frío, apareció un helicóptero de salvamento que le arrojó una escala de rescate. Pero el devoto vecino no podía creer que Dios le estuviera dando la espalda después de toda una vida consagrada a la oración y a la práctica de todos sus mandamientos y, una vez más, volvió a rechazar la ayuda. “Soy un hombre de fe ¡Dios me salvará!.”

Finalmente, durante la noche, el agua subió unos metros más, el hombre fue arrastrado por la corriente y murió ahogado.

Nada más llegar al cielo, se encaró con Dios y le recriminó que le hubiera abandonado justo en el momento que más le necesitaba.

Pero, ¿de qué abandono me hablas? –le respondió Dios-. ¡Si te envié una balsa, una lancha y un helicóptero!”

(Adaptado de  la antología de relatos tradicionales “El círculo de los mentirosos” de Jean-Claude Carrière)

Este relato tradicional, que se puede encontrar tanto como chiste o como enseñanza catequista, me inspira a mí dos aprendizajes interesantes relacionados con el coaching. Lo primero es la importancia de tomar conciencia de nuestra situación y de las oportunidades que la vida nos pone por delante. Lo segundo es adquirir la responsabilidad que nos invita a actuar y no esperar soluciones milagrosas a nuestros problemas cotidianos. No podemos acusar de nuestras desgracias a los que no tienen ninguna culpa ni estar continuamente quejándonos de nuestro destino. Aunque resulte incómodo, la buena noticia es somos nosotros los que tenemos la solución. Aprovecha las ayudas que se ponen a tu alcance y hazte responsable de pasar a la acción.

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