Relato #18 EL CUBERO Y EL TUBERO

Para repensar nuestro modelo de negocio a base de esfuerzo personal

“Érase una vez un pequeño pueblo con un gran problema: sus habitantes no disponían de agua a menos que lloviera. Para resolver ese problema de una vez por todas, los ancianos de la aldea decidieron contratar a algún profesional para suministrar agua a la aldea de manera diaria. Dos personas se ofrecieron para llevar a cabo la tarea y los ancianos otorgaron el contrato a ambos. Consideraron que un poco de competencia mantendría los precios bajos y aseguraría el suministro de agua.

El primero de los dos ganadores del contrato se presentó como “cubero”, y enseguida se vio que era un empleado muy trabajador. Salió inmediatamente, regresó con dos cubos de acero galvanizado y comenzó a correr de ida y de regreso a lo largo del camino al lago que se encontraba a un km de distancia. Juan comenzó a ganar dinero inmediatamente al trabajar desde la mañana hasta la noche acarreando agua del lago en sus dos cubos. Las vaciaba en un gran tanque que la aldea había construido.

Cada mañana tenía que levantarse antes que los demás habitantes para asegurarse de que habría suficiente agua cuando ellos se levantaran. Era un trabajo duro, pero él estaba muy contento porque estaba ganando dinero y porque tenía uno de los dos contratos exclusivos para este negocio.

El segundo ganador del contrato, que se presentó como “el tubero” resulto ser un emprendedor con ideas creativas e innovadoras. Tras firmar el contrato, desapareció durante algún tiempo. No se le vio durante varios meses, lo que hizo muy feliz al cubero dado que no tenía competencia y estaba ganando todo el dinero.

En vez de comprar dos cubos para competir con el cubero, el tubero definió un plan de negocios, creó un equipo, y regresó seis meses después con un grupo de trabajadores de la construcción. Al cabo de un año su equipo había construido una tubería de acero inoxidable de gran volumen que conectaba a la aldea con el lago.

Durante la gran ceremonia de inauguración, el constructor de tuberías anunció que su agua era más limpia que la del tubero y anunció también que podía suministrar agua a la aldea 24 horas al día, siete días a la semana. Su competidor sólo podía suministrar agua en días laborales ya que no trabajaba los fines de semana. Enseguida, anunció que cobraría menos por este suministro de agua y de mejor calidad. Los habitantes de la aldea lo tuvieron claro y empezaron a comprar el agua de la tubería del emprendedor, dejando de usar los servicios del cubero.

Con el fin de competir, éste bajó su precio inmediatamente, consiguió otros dos cubos y comenzó inmediatamente a acarrear cuatro en cada viaje. Para proporcionar mejor servicio, contrató a sus dos hijos para que le ayudaran en el turno de la noche y durante los fines de semana. Cuando sus hijos se marcharon a la universidad, él les dijo que se apuraran a volver porque algún día ese negocio les pertenecería. Pero sus hijos no regresaron después de la universidad y se buscaron otros trabajos más rentables. El tubero se sentía demasiado cansado, cargando cuatro cubos de agua 12 horas al día y sin descanso semanal. Intentó contratar empleados pero nadie  quería acarrear más de un cubo a la vez y los sindicatos se le echaban encima..

Por su parte, el tubero emprendedor se dio cuenta de que si esa aldea necesitaba agua, entonces otras aldeas también debían necesitarla. Y se dispuso a ofrecer su sistema de agua limpia a otros pueblos que no contaban con un suministro de agua permanente y lo vendió a más de 50 aldeas. Llegó un día en que cada vez ganaba más dinero sin apenas trabajar y hasta el final de sus días tuvo una vida tranquila rodeado de su familia y sus amigos.

En cambio el cubero terminó encontrando un pueblo que decidió contratar solamente sus servicios, trabajó muy duro por el resto de su vida y nunca llegó a resolver sus problemas financieros.” 

(parábola contada por Robert Kiyosaki, autor del libro “Padre Rico, Padre Pobre. También  adaptada en el libro “La parábola del acueducto” de Burge Hedges)

Al leer este relato todos nos preguntamos: ¿estamos acarreando cubos o construyendo tuberías?

Valoramos mucho el  carácter trabajador y el esfuerzo de las personas, pero el relato nos habla de que esa exaltación del trabajo duro está quizás sobrevalorada. Kiyosaki nos hace ver en esta historia, que el poder de la creatividad y de la innovación,  de una buena planificación y la potencia del equipo puede superar con crecer el esfuerzo y sudor individual.

Por supuesto que existen riesgos si nos diferenciamos  al querer hacer las cosas de forma distinta.  Por supuesto que nos acusarán de indolentes si dejamos de trabajar en lo de siempre y nos dedicamos a pensar y diseñar nuevos modelos de negocio. Por supuesto que da miedo abandonar lo conocido para entregarnos a un futuro incierto. En esos momentos piensa en la imagen del tubero y el cubero al final del cuento y dime ¿cómo quién quieres acabar?

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